La continencia urinaria se alcanza cuando todas las estructuras del tracto urinario inferior, como la vejiga, la uretra y el suelo pélvico, funcionan correctamente, así como los centros nerviosos encargados de su coordinación. Cuando alguna de estas estructuras se ve afectada, pueden surgir diferentes tipos de incontinencia, cada uno con su propia etiología y, en consecuencia, su propio enfoque de tratamiento.
La incontinencia urinaria (IU) es un problema de salud significativo que afecta no sólo a las personas que la experimentan, sino también a sus familiares y cuidadores. El 15% de los mayores de 65 años sufren IU. Su prevalencia en España se estima en más de 6,5 millones de personas y varía en función de la edad y el sexo. Es más frecuente en mujeres (24%) que en hombres (15,8%). En mujeres mayores de 85 años e institucionalizadas el porcentaje se incrementa hasta el 80%.
Su importancia no radica tanto en la gravedad del trastorno como en el impacto significativo en la calidad de vida de la persona, llegando a requerir de un consumo importante de recursos sanitarios y sociales. Los efectos de la IU pueden conllevar incluso a la necesidad de institucionalizar a las personas de la tercera edad que padecen IU.
Autor(es): VVAA